3 de Marzo
Wang Xizhi, el Sabio de la Caligrafía, escribe el “Prefacio a los poemas del Pabellón de las Orquídeas”. Cierra los párpados, que la lluvia te limpie la mirada hasta volverla blanca: blanca como la porcelana donde el agua deslíe la orquídea negra de la tinta, blanca como la luna que se mece en las nocturnas ramas de los sauces, blanca como la nieve que borra la huella fugaz de los pájaros. Radiante claridad, papel, respira. El campesino ara la tierra, el Emperador es el Hijo del Cielo. El Cielo es redondo y la Tierra es cuadrada. Y, para el hombre sabio, la Pintura. Abre los ojos, toma el pincel, medita: que en tu mano resulte flexible como el tallo del bambú, ligero como el viento que agita las crines de los caballos salvajes, seguro como la piedra de palacio y dócil como el gusano de la seda. El señor no es menos que su amo y el Emperador sirve al campesino. La Tierra para el Cielo y el Cielo para la tierra. Y, para el hombre sabio, la Caligrafía. Escribe, sucesivo, sereno, concentrado, y que fluyan sin pausa tus dedos como un río. Imagina el baile de los peces, imagina las notas de un laúd, imagina el sueño de los lotos o el lento florecer de las arrugas. Llora lágrimas negras. Que tu mano poderosa arrastre miles de ríos y montañas a través del tiempo y de la melancolía. Escribe. Entre el Cielo y la Tierra, la Escritura.
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