8 de Febrero

“Ausgleich” de Austria-Hungría.

Silencio de nogal y muebles Biedermeier, Herr Adler vuelve tarde a casa, pasada ya la medianoche. Al recorrer en su landó la desierta Ringstraße las copas de los árboles sin hojas han proyectado en el suelo mapas de países extraños. La mujer y los niños duermen plácidamente, en el estudio encendido apenas se escucha el murmullo de su respiración, el eco de los pasos del servicio en las buhardillas. Un reloj de pared ha dado la una, Herr Adler acaricia una leontina cosida a su chaleco y con la mirada repasa las encuadernaciones doradas de la biblioteca, bajo el humo ondulado del habano parecen un friso delirante y lúbrico pintado por Gustav Klimt. Abre las ventanas, en la noche congelada reverberan disonancias de cuerda y clarinete, inquietantes músicas que inducen un estado alterado de conciencia: en la copa de brandy ha germinado un tablero de ajedrez que flota en el centro mismo de la estancia bajo los techos altos de la mansión burguesa. Herr Adler lo contempla confundido y abandona muy despacio la biblioteca invadida. Al pasar por la escalera principal todo tiene un aire de opereta, de escenario a punto de caer ¿dónde están las rosas imperiales, el águila de Habsburgo, el violín de Fritz Kreisler por los cafetines?

(En una casa de Praga Kafka escribe).

Con el alba llegan a Viena carros de heno y cántaros de leche de los Alpes, afuera acontece el mundo claro: huele a pan de tahona y a cerveza caliente. Y cae una nieve japonesa que lentamente borra los sutiles mecanismos de la hipnosis.

El mundo es nuevo.

Listo para la destrucción.

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