15 de Mayo
Georges Seurat expone “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”. Para Francisco García Jurado. He vuelto a pasear por Père Lachaise una tarde de otoño y de domingo. Oro y miel de noviembre, la luz de un cielo claro traspasa la caduca bóveda de los árboles. Es tiempo de racimos y de fulguraciones en esta ilustre provincia de la muerte. Frente al nicho sencillo y desgastado, con una inscripción leve como tus treinta años -Georges Seurat, artiste peintre-, yo pienso en otra tarde de mayo pintada junto al Sena que ilustra un libro amado. Y por este mosaico de cálidas teselas, de muchachas en flor, de césped y sombrillas, te rescato del sueño del liquen y del mármol y te pido que subas, redimido del tiempo, otra vez al reino de los vivos para cumplir junto a mí un debido homenaje. Igual que un haz de puntos y colores componen en el cuadro un domingo soleado, así ciertas acciones modestas como honrar a los muertos o cuidar de unas flores ennoblecen la frágil condición humana, y por eso el hombre es siempre más grande que sí mismo. Acompáñame, pues, colina arriba, pongamos nuevamente un pequeño guijarro sobre la lápida negra y gloriosa de Proust.
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