5 de Mayo

Mandelbrot anticipa la teoría de los fractales.

Al contemplar las flores del magnolio o la púrpura zarza de la buganvilla es inútil buscar una rama perfecta, limpia de impurezas vegetales -hojas secas, zarcillos mutilados y pedúnculos, cáscaras vacías-. El conjunto, sin embargo, remite a un arquetipo: una cimbra de fucsia y una poma de nieve. Es un efecto conocido, lo incompleto se apoya en lo imperfecto como el acorde en la nota dominante y el cristal en la macla donde crece, y así la belleza se amplifica sobre una simetría superpuesta. Sucede en las cumbres de los montes y en la forma voluble de las nubes, en la fachada de algunas catedrales y en el rostro arrugado, pero hermoso, de los viejos. Se ignora si detrás de estos fenómenos radica un número áureo o una clave secreta o si, por el contrario, la difusa relación de proporciones carece por completo de normas definidas y una razón anómala o salvaje gobierna o desgobierna el mundo armónico. La cuestión es aplicable a la Poesía, conviene que los versos crezcan como ramas sin que mucho te importe la secuencia concreta del sonido o el fluir ordenado de las imágenes –los arcanos matemáticos del ritmo- si las flores que brotan están vivas y en el aire tiembla su perfume.

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